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2010-11-10 | Other Publications

Cambio Climático desde Kioto y más allá de Cancún

Muñoz Brenes, Carlos L.. 2010. “Cambio Climático desde Kioto y más allá de Cancún”
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Se requiere cambio en el clima de la negociación o llegaremos a Río+20 sin acuerdos que se sostengan.

Las negociaciones internacionales en cambio climático siguen entrabadas
porque el enfoque de los negociadores sigue basándose en las posiciones y
no en los intereses de las partes. Esta estrategia solo consigue
acuerdos inertes que logran poco, en muchos casos a un costo muy alto
pues la pérdida de confianza entre las partes involucradas es una
consecuencia inevitable. Lo resultado en la COP 15 del cambio climático
con el Acuerdo de Copenhague es un vivo ejemplo de esto pero no es el
único entre tantos acuerdos multilaterales desde la gran cumbre de
Estocolmo en 1972.

Por otra parte, los acuerdos logrados
partiendo de intereses rompen con el esquema de llegar a la mesa a
negociar con una posición inflexible. El ejemplo clásico es la
Convención de Viena para la protección de la capa de ozono de 1985. Sin
embargo, tales acuerdo no son fáciles de alcanzar ya que requieren de
una sólida confianza entre las Partes.

Pesimismo y poca confianza.
El déficit de resultados en las negociaciones internacionales, pasando
por Río y Johannesburgo, han hecho que muchos califiquen las
mega-conferencias como “circos con una causa seria”. Si bien ha habido
avances en algunos de los temas ambientales globales, en materia de
cambio climático estamos estancados desde 1997, tanto que con el
protocolo de Kioto no se ha avanzado mucho en reducir las emisiones de
gases de efecto invernadero ni en materia desarrollo a través de
mecanismos limpios.

Cabe preguntarse entonces si las grandes
conferencias valen la pena. A pesar de lo que se asemejen a un circo,
estas conferencias trascienden más allá de la mesa de negociaciones. Son
el sitio por excelencia para encuentros, la creación de redes de
contactos, movilizar intereses y presentar ideas. El déficit de estas
conferencias no está en el tumulto de las gentes en las calles o en lo
discutido en los eventos paralelos a las negociaciones oficiales. El
déficit parte de un proceso de más de treinta años de negociaciones
inconclusas basadas en posiciones mezquinas. Ahora con la agenda de
cambio climático se pretende resolver el acumulado de acuerdos
incompletos para reparar muchos de los problemas globales en materia de
ambiente y desarrollo.

Actualmente el clima de las negociaciones
está lleno suspicacia, ofrecimientos sin cumplir y dramatismo
“palmodigital”, rodeado de una maraña de temas inmanejable. Si a la
llegada de la COP15 se hablaba de optimismo lánguido, el encuentro en
Cancún está cargado de un pesimismo abrumador.

Como consecuencia,
la negación se ha convertido en el argumento, está venciendo a la razón
y nos empuja a todos a un callejón sin salida. Su mejor aliado es el
daño a la mutua confianza. Es la respuesta más fácil que nos queda, ante
la inocente pregunta de por qué no se puede lograr acuerdos
sostenibles, que traiga soluciones reales en la escala de tiempo y
espacio, ante las imponentes amenazas del cambio en la atmosfera
terrestre.

Hacia Rio+20.
Todos sabemos que la agenda de Cambio Climático tiene múltiples aristas
que unen los temas de pobreza, financiamiento e inversiones para el
desarrollo, comercio exterior, transferencia de tecnología, propiedad
intelectual, bosques y biodiversidad, recursos marinos, derechos de las
comunidades indígenas, etc. Los mismos temas de los últimos treinta años
de negociaciones multilaterales.

También sabemos que para
resolver estas agendas habrá externalidades (beneficios y costos) cuyo
manejo requiere de acciones colectivas y de cooperación. La acción
conjunta en asuntos internacionales no es fácil de logar, especialmente
si en los recurrentes “juegos” diplomáticos los resultados siguen siendo
dominados por estrategias de cooperación, represalia, remisión y
reanudación de acercamiento al mejor estilo “Tit for Tat” de Anatol
Rapoport.

Pero no hay mucha innovación en el fondo de los asuntos
a tratar en Cancún, ni en la estructura, ni en el proceso, puesto que
la agenda sigue siendo parte del discurso Norte-Sur. En la estructura
global, EE.UU., UE, y Rusia siguen siendo principalmente los que buscan
acercamientos hacia los países en desarrollo, por tanto así se definen
las agendas. Sin embargo, nuevos agentes como China, India, Brasil, y
los países árabes están galanteando a muchos alrededor del mundo
(también Venezuela en menor escala). Lo que parece novedoso es un cambio
en la actitud de los negociadores, que ahora escuchan recelosos los
cantos de sirena, sospechosos de las invitaciones a la cooperación.

Es
urgente un cambio en las negociaciones internacionales. La nueva
diplomacia para desarrollo debe basarse en acercamientos que busquen
avanzar los intereses de unos al mismo tiempo que se avanzan los
intereses de otros. Esto requiere un alejamiento de las posiciones
rígidas. Para poder evitar el aumento de la temperatura global más allá
de 2 grados C, es imperativo que en Cancún se resuelvan los temas de la
caducidad del protocolo de Kioto después del 2012, los compromisos
financieros para acciones de adaptación y mitigación, y los mecanismo de
monitoreo, reporte y verificación de esas acciones. Pero ante todo es
necesario recuperar la confianza entre todos los actores Esperemos con
optimismo terco un cambio en el clima de las negociaciones en Cancún, y
mejores resultados rumbo a la cita de Río+20 y más allá.

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    Muñoz Brenes, Carlos L.