Skip to main content

2008-06-24 | News

More questions than answers

Francisco Alpízar y Milagro Saborío wrote an article (Más preguntas que respuestas) for “La Nación” (1 June 2008) the most important newspaper in Costa Rica on the topic of biofuels.

(Spanish only)

El análisis del potencial e implicancias de la producción de biocombustibles en Centroamerica es desde hace un tiempo uno de los temas prioritarios del Programa de Investigación en Ambiente y Desarrollo (PIAD) del Catie. Después de una revisión exhaustiva del estado del arte en este tema, la conclusión más clara que podemos aventurar en este momento es que no hay suficiente información para promover o evitar la producción de biocombustibles en Costa Rica.

Por esta razón nos causó preocupación el reportaje de La Nación (25 mayo, 2008, p.4A) en que se indica que en julio de este año se firmará un decreto que hará obligatoria la incorporación de biocombustibles en el diésel y la gasolina.

Biocombustible y ambiente. Uno de los temas más álgidos a nivel internacional se refiere a los supuestos beneficios ambientales de los biocombustibles. Por un lado existe evidencia de que el uso de biocombustibles puede reducir las emisiones netas de gases de efecto invernadero. Cabe entonces preguntarse: ¿es esta la mejor manera de reducir los gases de efecto invernadero? Un estudio de la OECD (Doornbosch y Steenblick, 2007) apunta a que el costo más bajo de reducción de una tonelada de CO2 equivalente con el uso de biocombustibles es de $20 a $60 (utilizando caña en Brasil); bastante por encima del costo de reducciones similares en plantaciones forestales en Costa Rica, por ejemplo.

Esto a pesar de que Brasil es considerado el país más exitoso y eficaz en la producción de biocombustibles, en gran parte debido al efecto escala y al efecto de integración vertical extrema de la producción, ambos ausentes en el contexto costarricense.

Más aún, es imprescindible evaluar otros impactos ambientales de la producción de biocombustibles, como destrucción de bosques y fragmentación de ecosistemas, expansión de monocultivos, uso de agroquímicos y contaminación de las aguas.

Utilizando los datos de productividad óptima de la Comisión Nacional de Biocombustibles se calcula que para cumplir con la adición de un 10% de etanol a la gasolina en el 2010 se requiere un 35% de aumento en el área de cultivo de caña y un 34% en el área de palma africana para una mezcla similar de biodiesel y diesel. Aun estando Costa Rica protegida por una ley que prohíbe el cambio de uso del suelo, la intensificación de cultivos actuales y la sustitución de otros cultivos por caña o palma aceitera podría tener consecuencias negativas sobre el medio ambiente.

Desarrollo y bienestar rural. Al respecto, al menos tres elementos deben analizarse con cuidado. Primeramente es claro que las áreas con vocación para caña o palma africana se pueden dedicar también a la producción de granos básicos, frutas de exportación (por ejemplo, melón, piña y banano) y ganadería, entre otros. A priori no deberíamos asumir que al país y/o a las zonas rurales les resulta mejor “cultivar” biocombustibles que estos productos.

Esto dependerá del impacto ambiental, de la generación de empleo y del nivel de integración con la economía rural de estos cultivos, y actualmente no existen estudios que apunten en una u otra dirección.

Segundo, no está nada claro qué tan compatible es la producción de biocombustibles con otras políticas rurales del Gobierno, principalmente aquellas relacionadas con la producción de alimentos.

Tercero, es relevante agregar que el nivel de integración vertical y la escala espacial requeridos para que estos cultivos sean rentables en la producción de biocombustibles parecieran favorecer una concentración de la tierra difícilmente ligada a un incremento en el bienestar rural acorde con el modelo minifundista de desarrollo costarricense. De nuevo, esta es un área dónde las respuestas brillan por su ausencia.

Biocombustibles y factura petrolera. La reducción de la factura de importaciones petroleras se cita como un beneficio adicional de la producción de biocombustibles. Sin embargo, en una economía abierta (de facto y de jure) como la costarricense, es inevitable que los productores nacionales liguen la oferta local de biocombustibles al precio internacional.

Si el precio internacional es mayor al nacional, nuestros productores preferirán vender afuera, dejando de paso al país con una factura petrolera similar al escenario sin producción local de biocombustibles. Cabe apuntar que tanto la Unión Europea como EE. UU. tienen metas de mezcla de combustibles que los convertirán en importadores netos en el futuro.

Enfoque precautorio. Entre estas interrogantes cabe una más, quizás la más importante: ¿qué hacemos ahora? Primeramente es imprescindible asumir un enfoque precautorio. Ante la incertidumbre, lo peor que podemos hacer es alterar mediante subsidios (créditos blandos y otros beneficios) la comparación directa de la rentabilidad relativa de distintos usos del suelo. Estas políticas podrían generar el incentivo perverso de incrementar una producción que podría no ser rentable ni social, ni privadamente.

Es importante invertir fondos en responder algunas de las interrogantes mencionadas arriba antes de embarcarnos en una inversión de largo plazo que implique un cambio posiblemente permanente en el paisaje rural.

Ligado a lo dicho anteriormente, la discusión sobre la producción de biocombustibles como defensa ante el encarecimiento de los combustibles fósiles debe ser parte de un análisis más amplio del uso de la energía en Costa Rica, sobre todo en el sector transporte de carga y personas, y debe incluir la congestión, la contaminación urbana, la destrucción de carreteras y los accidentes como aristas de un mismo problema ambiental y de desarrollo nacional.

Click here for publication in "La Nación"